CAMINO DE SANTIAGO 

07.09.2026

      Durante una escapada de tres días decidí hacer parte del Camino Portugués en bicicleta junto a mi padre. Por cuestiones de logística no podíamos dedicarle más tiempo, así que organizamos el recorrido haciendo aproximadamente dos etapas cada día: Baiona–Vigo–Redondela, Redondela–Pontevedra–Caldas de Reis y Caldas de Reis–Padrón–Santiago de Compostela. 

En total fueron algo más de 120 km hasta llegar a Santiago. Ya había hecho hace unos tres años una pequeña ruta a pie por zonas de San Sebastián y Navarra, aunque fueron pocas etapas y no llegamos hasta Santiago, por lo que esta vez quería vivir una experiencia más completa y, además, hacerlo en bicicleta.

Algunas de las fotografías tienen bastante menos calidad que otras porque no todas fueron tomadas con mi móvil. Varias las hizo mi padre con el suyo, cuya cámara tiene peor calidad, de ahí que se note bastante la diferencia entre unas imágenes y otras.

          La experiencia fue mejor de lo que esperaba. Estoy bastante acostumbrado a montar en bicicleta, así que físicamente pude llevar bien las etapas, aunque eso no significa que todo fuera fácil: hubo momentos de cansancio, caminos bastante incómodos para la bici y también nos tocó lluvia. Aun así, los paisajes y la variedad del recorrido hicieron que los kilómetros se pasaran bastante rápido.

Las fotos reflejan bastante bien esos tres días: aparecen tramos por bosque y caminos de tierra, zonas junto al mar, pueblos por los que fuimos pasando, los mojones del Camino y también las rutas registradas al terminar las etapas. Me gusta que no solo haya fotos de los sitios más bonitos, sino también de momentos más normales del recorrido, porque al final eso fue realmente la experiencia.

Sobre todo, me quedo con haberlo hecho junto a mi padre. Fueron solamente tres días, pero pasamos muchísimas horas juntos entre la bicicleta, las paradas y los kilómetros. 

Llegar finalmente a Santiago de Compostela hizo que todo el esfuerzo tuviera un final especial. Esta experiencia también me ha servido para comprobar que, aunque no siempre pueda hacer un viaje largo, puedo adaptarme al tiempo disponible y plantearme un reto más pequeño sin que por ello deje de ser exigente o merezca menos la pena.

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